Jun 21
2010

En las fauces de la bestia

De regreso en mi casa, a las las 12:30 GMT -5 del lunes 5 de junio del 2045, me reúno con mi familia. Me alegro de que gocen de una buena salud, pese a que hoy en día la regla general es que los niños pasen el 75% de su vida luchando contra alguna nueva enfermedad y las mujeres rara vez vivan más allá de los 45 años; gracias a que en nuestra pequeña comunidad de "exiliados en nuestra propia tierra" hemos decidido mantenernos al margen de la avalancha farmacomercial y procuramos minimizar el uso de medicinas sintéticas. Allá afuera, en las grandes ciudades y guetos, la gente depende al 100% de lo que las grandes corporaciones, que hoy son dueñas de todo el sistema de salud, les ofrecen para curarse de males que seguramente una medicina anterior les provocó como reacción.

Mientras juego con mis hijos pequeños, y el mayor me muestra emocionado algo de lo que ha aprendido en el colegio on-line, al que tiene que asistir vía ALTernet, no dejo de pensar en las viejas y absurdas causas de tanto aislamiento al que nos hemos tenido que acostumbrar para vivir en seguridad. Recuerdo que, hace unos 10 años, cuando volvimos a sufrir una tremenda crisis política y —de nuevo— los gobiernos no duraban más de seis meses: llegó un caudillo, proveniente de los estratos más bajos de la sociedad, pero que había escalado alto en la economía y la política ecuatoriana, gracias a una indudable capacidad para la demagogia que nos hacía recordar a tantos otros. Así, se parecía mucho al "loco" que jamás volvió a gobernar —para fortuna de muchos y tristeza de otros—, por su gran simpatía entre la población pobre.

Pero se parecía también a cierto millonario, que jamás logró ser presidente, porque hoy en día era el dueño de una de las fortunas más grandes de Sudamérica, pero en su caso no fue heredada, sino conseguida a fuerza de astutas e inverosímiles "jugadas" legales y demás artimañas propias de los corruptos de esa época. También se parecía a otro ex-militar que había gobernado en dos ocasiones (y en ambas había sido destituído), por su carrera, ya que también había tomado las armas, aunque éste había sido policía, no militar. Y aunque este personaje se parecía mucho a aquellos, y a otros más que no pienso mencionar, era diferente a todos los anteriores por la simple razón que éste sería el primero que lograría ser un presidente que represente no solo a un sector de la población, sino a una raza. ¿Raza? tal concepto hace esos mismos 10 años, ya había sido descalificados como válido entre los seres humanos en la mayoría de países. Es más, luego de la crisis del 2015, en casi en todo el mundo se derrumbaron las fronteras de la discriminación (o al menos eso pretendían las minorías). No así en nuestro país, donde aún en plena década de los 30's (del siglo XXI) se seguía hablando de racismo.

Este líder llegó a la presidencia, usando como su fortín a una de esas agrupaciones que seguía luchando violentamente por derechos que en otros países ya se los habían ganado pacíficamente al integrarse a una sola raza: la humana. Para agradar más a sus seguidores renunció a su apellido europeo (del cual se avergonzaba) y se embanderó con el color de una piel que él mismo no tenía (y tampoco lo sabía). Impuso con mano de hierro un régimen basado en el absurdo, todas las constituciones anteriores y las arrojó al tacho de la basura. Redactó de su puño y letra un cuarteto de leyes, que según él y sus seguidores: "bastaba y sobraba para regir cualquier nación moderna". Fue este hombre, y este gobierno, que duró algo más de siete nefastos años, el que provocó nuestra huída en busca de un lugar seguro, en medio de las hoy escasas selvas amazónicas y lejos de las grandes urbes, donde cualquier ser humano pensante se sentiría prisionero, en las fauces de la bestia... así lo solíamos llamar: la bestia.

Continuará...