Jun 28
2010

La noche sin estrellas

Salgo de la ducha la mañana del martes. Es el 6 de junio del 2045 y mientras desayunamos con mi esposa y nuestros hijos pasamos por el ritual infalible de contar cada uno lo que ha soñado la noche anterior. Para variar somos mis hijos varones y yo los que menos cosas tenemos que contar (se podría decir que casi no soñamos), la bebé aún no dice su primera palabra pero confiamos que sus sueños son felices, aquí en este cómodo pero pequeño refugio de seguridad que es nuestra casa en la selva. Empero, nuevamente es el sueño de mi esposa el que me dejaría atónito y me motivaría a escribirlo, por ser uno recurrente que varias noches en el último año la ha inquietado y que tiene que ver con recuerdo de lo que pasó en esa noche que ambos deseamos olvidar...

Fue hace 18 años, durante la histeria colectiva previa al 2027, cuando me hallaba como enviado especial por el vecino país del norte, cuando vivimos una noche en la que, para muchos, la chispa anarquista hizo reventar el polvorín del caos en nuestra sociedad y le tendería la alfombra roja a La Bestia que durante los siguientes ocho años escaló frenéticamente por la escalera política hasta convertirse en presidente en el 2035. Esa noche, tras múltiples intentos, consiguieron asesinar al último de los presidentes elegidos democráticamente, y esta vez no se dieron el lujo de esconder el hecho como un accidente. Se estableció un gobierno interino que no dudó en aplicar la muerte cruzada y acabar con el Poder Legislativo, pero no hubo en el país un ciudadano que enderezara el timón del país durante transición y un sinnúmero de grupos enardecidos se disputaron con sangre el derecho de gobernar.

Al final, no quedo sino un país sumido en la acefalía y la desesperación, cientos de familias perdieron a sus seres queridos y yo miraba preocupado la pantalla del televisor mientras sentía como si la habitación del hotel se reducía a mi alrededor y una sofocante angustia me asfixiaba el alma. Al retornar al país encontré solo ruinas, hubo saqueos, incendios y centenares de muertos en todas las ciudades... ¿Ciudades? ¡Lo que quedó de ellas después de la noche sin estrellas! Por todos lados había muros pintarrajeados con un símbolo muy familiar, que muchos grupos habían adoptado y ahí fue cuando la expresión "aquí hay gato encerrado" cobró significado para mí. ... Suena el teléfono, recibo la videollamada y la noticia me estremece. Mañana debo volver a ir a la ciudad –es algo de vida o muerte –me señala una voz familiar.

Continuará...