Mar 23
2018

Aunque suene pretencioso, me considero a mi mismo un diseñador 3D, no desde hace 3 años que manejo Cinema 4D, ni desde hace 10 cuando experimentaba con 3D Studio MAX o Maya, ni desde hace 15 que estudié AutoCAD. No, ese proceso inició mucho antes, desde cuando tenía 14 años y le ayudaba a mi papá en el taller de torno en madera –arte que lo aprendió de mi abuelo– donde yo esculpía mis propios juguetes. Pero yendo un poco más atrás, yo, al igual que todos ustedes puede considerarse un diseñador 3D desde los 3 años de edad cuando descubrimos con asombro el poder de la plastilina. Hagamos juntos y brevemente un recorrido que a mi me ha llevado esos últimos 35 años.

Tomemos un poco de este mágico material en nuestra manos, modelemos un objeto sencillo (figurativo o abstracto) y veamos cómo se nos llena la cabeza de sensaciones agradables, ¿hace cuánto no las sentíamos? Pues si les prestamos atención, estas sensaciones nos abrirán un universo de posibilidades: el mundo 3D.

Todos hemos escuchado decir "3D" en diferentes contextos, refiriéndose a varias cosas como: el formato de una película, el tipo de animación en producciones como las que realiza Pixar, el tipo de impresión que nos permite realizar proptotipos en diferentes materiales o hasta la experiencia que ofrecen algunos dispositivos de RV (realidad virtual) o RA (realidad aumentada). Sea cual sea el concepto que tengamos de lo que es 3D, hay solo una verdad: vivimos en un mundo tri-dimensional.

Ancho, alto y profundidad son las tres dimensiones conocidas del espacio. Pocos días después de nuestro nacimiento comenzamos a tener percepción de las mismas, y conforme nuestros ojos se van acostumbrando, vamos desarrollando esa capacidad que tenemos gracias a la posición frontal de los mismos: la percepción de profundidad. Somos quizá la única especie que por su fragilidad al principio tiene que estar boca arriba todo el tiempo, y en esa etapa somos como la humanidad cuando creía que la tierra era plana, todo lo que ocurre a nuestro alrededor es como una proyección en un domo inalcanzable; pero en cuanto comenzamos a voltearnos intentando alcanzar algún juguete, y nos movemos gateando y después caminando, pasamos de un entorno bi-dimensional a uno totalmente tri-dimensional. En mi opinión, es precisamente por esa transición que tenemos que pasar, que también somos una especie capaz de interpretar el mundo de las dos formas que se nos puede presentar: vemos el dibujo de una manzana en un papel y pensamos en la fruta, del mismo modo que si la tuviéramos en las manos. 

No obstante, la mayoría piensa que solo hay ciertas personas que tienen desarrollada esa capacidad "especial" para percibir de mejor manera el espacio como tri-dimensional, y que hay otros que nos "mareamos" un poco de solo pensar en ello. En mi caso, cuando estaba en el colegio descubrí que era bueno para el dibujo técnico, incluso mi primer negocio ilegal emprendimiento fue hacer las tareas y hasta exámenes de mis compañeros y cobrar por ello. Claro hay diseñadores y artistas que hoy en día cobran muchísimo más que una hamburguesa por hacer diseño 3D, y es no solamente porque poseen un indiscutible gran talento para lograr representaciones tridimensionales de mucha calidad, sino porque poseen muy desarrollada una sensibilidad exquisita para el diseño tridimensional, de forma que logran introducirnos en mundos imaginarios pero a la vez muy "reales" a través de sus obras. El Grand Chamaco, Zigor Samaniego, Aaron Martínez, Yum Yum, Yoshio Romero, Techno Image, entre muchos otros.

¿Qué tienen en común? Todos piensan en 3D, son diseñadores, directores de arte, productores audiovisuales o artistas digitales que un día al igual que todos nosotros se abrieron paso al mundo del 3D con un pedazo de plastilina, arcilla o madera en la mano y hoy en día trabajan para grandes agencias, productoras y marcas. Quizá, después de ver su trabajo, algunos se sientan más motivados a incorporar el diseño 3D en su labor, y otros tal vez prefieran volcar todo su potencial a la representación bi-dimensional, lo cual no tiene nada de malo.

"Algunas personas se inclinan a pensar en términos escultóricos, pero muchas otras tienden a hacerlo en términos pictóricos. (...) Entre el pensamiento bi-dimensional y el tri-dimensional hay una diferencia de actitud."

Wucius Wong, Fundamentos del Diseño, Editorial GG 1995

Es decir, es una actitud frente al diseño el sentirnos más bi o tridimensionales, pero cambiar esa actitud nos permite tener la aptitud para desarrollar nuestro pensamiento tri-dimensional. Vamos a realizar un ejercicio sencillo para convertirnos en diseñadores 3D de forma casi inmediata usando solamente nuestros ojos, nuestras manos, papel y un lápiz: Tomemos el objeto que hemos modelado en plastilina y coloquémoslo fijo delante de nosotros, tomemos ahora una hoja de papel y dibujemos el objeto, visto desde el ángulo en el cual lo dejamos. ¿Qué tal? Muy bien en unos casos, con más o menos detalle todos habremos logrado representar en un formato bi-dimensional un objeto. Ahora qué pasa si ahora les quito el objeto y les pido que me dibujen otra vista, o qué tal si lo que les pido es que me dibujen cómo es por dentro. A algunos nos tomará un poco más de tiempo que a otros lograr este objetivo, pero para todos es posible de una u otra forma. ¿Qué sucede si también les pido que a un dibujo en 2D, que funciona muy bien en 2D: Peppa Pig por ejemplo, hay que hacerlo en 3D?

Vamos a quedarnos con esta inquietud hasta la segunda parte de este taller.

Ir a la segunda parte